En 1997, cuando tenía 23 años, comencé a trabajar como reportero para el periódico Catholic Sentinel.

Al salir de la universidad ese fue mi primer trabajo en un periódico: graduado de la Universidad Gonzaga en Spokane, Washington, con la cara fresca y los ojos muy abiertos.

Inmediatamente me impresionó la ética de trabajo y el nivel de gran calidad editorial del personal de Catholic Sentinel. Tenían un editor experimentado, tres reporteros, dos personas talentosas haciendo el diseño del periódico y un equipo de publicidad de seis personas. Me llamó mucho la atención todo el equipo editorial de este semanario católico local.

Y luego estaba Rhonda Mazza. Rhonda era la editora de El Centinela, el periódico en español que nació como publicación hermana de Catholic Sentinel. Y ella, lo hacía todo sola. Era una periodista competente, trabajadora y tenaz.

Me sentía asombrado cuando me detenía a observarla y la escuchaba hacer llamadas en español y hacer las preguntas una y otra vez para lograr tener sus entrevistas, tomaba sus notas detalladamente y producía el periódico con calidad. Todo por su cuenta. Ella llenaba las páginas de El Centinela con las noticias de la época.

Después de observarla durante una semana, le pregunté al editor del Catholic Sentinel, Robert Pfohman, sobre la historia de El Centinela.

Me enteré de que el arzobispo William Levada fundó el periódico en 1995 en un esfuerzo por llegar a la creciente población católica de habla hispana en el estado de Oregon, lo que significaba que el periódico tenía apenas dos años cuando comencé a trabajar allí.

Después de un año, Rhonda se fue en busca de otra oportunidad y el periódico contrató a un nuevo editor, Peter Prengaman.

Peter se graduó en literatura en español e inglés de Wabash College. Luego estudió en la Universidad de Los Ángeles, California y en la Universidad de Stanford donde obtuvo su máster en Estudios Latinoamericanos. Actualmente es el director de Western U.S. News en Associated Press (AP).

El estilo de Peter era el de escribir historias largas y detalladas.

El periódico se redujo en tamaño, pero creció en profundidad, abordando temas como los derechos de los trabajadores agrícolas, el maltrato a los inmigrantes indocumentados y el trabajo misionero en el extranjero.

Peter Prengaman estuvo allí durante un año antes de seguir adelante con su carrera periodística. Luego de lo cual el periódico contrató a Rocío Ríos, una periodista y reportera llegada desde Bogotá, Colombia (Suramérica).

La contratación de Rocío Ríos fue el verdadero comienzo de mi relación con El Centinela.

Antes, ambos editores tenían las habilidades para hacer todo el trabajo del periódico, ocasionalmente me pedían consejos, pero con Rocío, ella recién estaba aprendiendo el idioma inglés y nunca había diseñado las páginas de un periódico.

Mi editor me informó cuando fue contratada: “Usted la ayudará a diseñar las páginas de cada edición. Le ayudarás a tener una visión sobre esta publicación”.

Recuerdo que en ese momento sentí una carga muy pesada. Apenas tenía 25 años y no hablaba español. ¿Cómo se suponía exactamente que debía hacer lo que me pedía mi editor?

Durante 17 años trabajé hombro a hombro con Rocío, ayudándola a diseñar las páginas, le enseñé a manejar el software y a desarrollar sus habilidades en el complejo trabajo de dar vida a cada edición en un idioma diferente.

Los primeros años, ni siquiera podíamos hablar entre nosotros, excepto con el lenguaje corporal, las expresiones faciales y los suspiros profundos. Yo hablaba inglés. Ella español. Pero logramos crear un puente de comunicación que nos unió a través del periódico que diseñábamos mes a mes.

Encontramos nuestro ritmo. Ambos teníamos un gran amor por el oficio periodístico. Sentí que mi papel era ayudarla a contar las historias que encontraba y, poco a poco, juntos, eso fue lo que hicimos.

Trabajando con Rocío durante 17 años (dejé el Sentinel en 2016), no solo llegué a conocerla, también llegué a conocer a la comunidad católica de habla hispana a la que ella servía completamente.

Muy a menudo la gente ve el lenguaje como una barrera, pero Rocío me enseñó que lo que podría concebirse como un obstáculo, también podía ser un medio para acercar a las personas, para comunicarse por medio del amor, un gesto y el respeto que a veces incluye el lenguaje, pero que a menudo pasamos por alto.

Un ejemplo perfecto de esto fue en 2014 cuando Rocío me invitó a trabajar como fotógrafo y hacer los videos durante la celebración anual arquidiocesana de Nuestra Señora de Guadalupe en Salem, Oregon, en el recinto ferial donde se reunieron miles de familias hispanas.

Llegamos unos 90 minutos antes de la celebración Eucarística, abriéndonos paso entre la multitud de personas que se preparan para la misa, el baile, organizaban la comida y toda la fiesta.

Dondequiera que íbamos, Rocío era recibida con abrazos, sonrisas y una calurosa bienvenida.

Ella me presentó alegremente a los demás y, aunque yo no podía entender las palabras de la conversación entre ellos, puedo decir que eran palabras de elogio, ya que ella ponía sus manos sobre su pecho en señal de agradecimiento cada vez que me presentaba.

Entonces yo miraba a los ojos de las personas que ella me presentaba y veía que, si yo era amigo de Rocío, entonces era amigo de ellos.

Fui fotógrafo en el evento, pero también ayudé a reunir a los niños con sus padres, a las mujeres mayores a bajar rampas, a los bailarines aztecas a atar sus hermosos atuendos de fiesta y también serví como guía para acomodar a los participantes. Fue una gran experiencia.

Ahí estaba yo. Un hombre católico con origen polaco, italiano, noruego, francés y estadounidense, plenamente aceptado en el redil de la comunidad hispana, debido al trabajo realizado durante tantos años por El Centinela y sus editores, con quienes había trabajado.

Para mí, los 25 años de El Centinela significan mucho más que el cumpleaños de un periódico.

Para mí, significa que el trabajo del periódico, el compromiso de unir a las personas, independientemente de sus antecedentes culturales, a través de la Iglesia, sigue siendo importante, relevante y encantador.

Estoy muy emocionado de que ese trabajo continúe con Ed Langlois y Patricia Montana.

¡Feliz cumpleaños a El Centinela! ¡haciendo una obra santa!

*Jon DeBellis es Editor en Jefe de Misales y publicaciones en Oregon Catholic Press.