Cuando miramos hacia atrás, muchas veces nos damos cuenta de que las experiencias de nuestro pasado, forman gran parte de quienes somos hoy. Este es el caso para mí y la experiencia que tuve como editor de El Centinela.

Cuando llegué a El Centinela, tenía 23 años. Había estudiado español en la universidad y vivido en España, pero escribir y editar en el idioma requería mucho más aún. Gracias a Dios, tuve a Vicky Demezas quien me apoyó para mejorar mi nivel durante los primeros meses.

También, tenía algo de experiencia profesional en periodismo. Había hecho una práctica para el Wall Street Journal en Madrid durante el verano antes de tomar las riendas de El Centinela y había trabajado como traductor para el periódico especializado en economía Cinco Días, en Madrid.

Sin embargo, esas experiencias fueron más técnicas, ya que periodismo económico se trata de números, fusiones de compañías, acciones de la bolsa.

El Centinela fue una cosa completamente diferente.

Mi misión era capturar las historias diversas de los hispanos en la Iglesia Católica.

Mi área de trabajo era todo el estado de Oregon. Para eso, debía estar con la gente.

Yo iba a las parroquias y asistía a muchas misas, entrevistaba fieles de todas las edades y clases sociales, sacerdotes, monjas y obispos.

Iba a los campos agrícolas, donde muchos hispanos cosechaban las frutas y verduras. Iba a las calles, como Burnside en Portland, donde se juntaban muchos jornaleros para esperar oportunidades de trabajo. 

También visitaba las oficinas de servicios sociales, como Catholic Charities, donde algunos buscaban diferentes tipos de ayuda; incluyendo ayuda con su estatus migratorio.

Finalmente, con un jefe súper bueno, Bob Pfohman, quien estaba dispuesto a invertir en buenas historias, también tuve la oportunidad de hacer notas de México y Ecuador, donde había parroquias con lazos importantes en Oregon.

El periodismo es una linda profesión en parte porque permite a los reporteros entrar en muchos mundos que la gran mayoría de gente no podría acceder.

Eso hice a gran escala en El Centinela. Aprendí tanto. Cada entrevista, cada viaje, desde Woodburn hasta Quito, me enseñaron tantas cosas.

Sin duda, la cosa más importante fue el contacto humano. Conocí mucha gente buena y crecí como persona al lado de cada uno de ellos.

Los hispanos son de las personas más hospitalarias y trabajadores en el mundo.

Sería imposible hacer una lista completa de tantas cosas que aprendí, pero voy a intentar por lo menos nombrar seis cosas que hasta hoy llevo conmigo. 

  • La importancia de la fe cristiana en el día a día para mucha gente, y eso me incluye a mí.
  • Como funciona la Iglesia Católica, una institución que ha tenido sus problemas, pero sigue siendo una fuerza mundial importante.
  • Lo difícil de la vida de muchos hispanos en los Estados Unidos y su tenacidad para luchar.
  • La influencia de las culturas hispanas en los Estados Unidos.
  • El rol imprescindible que los hispanos tienen en la economía americana.
  • Las variedades regionales del español. Hay muchas diferencias entre un país y otro.

Como en esa época El Centinela solo se publicaba una vez al mes, yo tenía tiempo para profundizar en los temas.

Además de Vicky y Bob, tuve la suerte de conocer y aprender de colegas que escribían para The Catholic Sentinel o trabajaban para Oregon Catholic Press: Ed Langlois, Jon DeBellis, Kristen Hannum, Gerry Lewin, Elaine Lustig y Rocío Ríos, quien tomó mi trabajo.

Solo pasé un año en El Centinela. Salí en 1999 para volver a la universidad y hacer una maestría en estudios latinoamericanos. Aunque me encantaba el trabajo, al mismo tiempo estaba impaciente por lograr más cosas, supongo que es un aspecto de la juventud.

Aunque me fui hace 21 años, siento que ese trabajo ha sido la base de muchas cosas que he hecho desde entonces como periodista para la agencia Associated Press, donde empecé en 2002.

He tenido muchos cargos; reportero del gobierno estatal en Salem, Oregon, corresponsal en República Dominicana, reportero de inmigración en Los Ángeles, editor de multimedia en el sur de los Estados Unidos, jefe de redacción en Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, jefe de buró en Brasil y actualmente director de noticias para el oeste de los Estados Unidos. 

En cada uno de esos trabajos, usé muchas destrezas que aprendí en El Centinela.

Y durante estos años, he hecho reportajes sobre La Iglesia Católica, el Papa, inmigración, movimientos sociales y gente interesante de todos lados.

Incluso en mi trabajo actual, encargado de la cobertura en 13 estados, llevo a El Centinela conmigo.

Además de los temas que cubren los reporteros de mi región, como inmigración en California o las protestas en Oregon, soy director de un equipo grande y diverso. 

Finalmente, estoy muy agradecido por mi experiencia en El Centinela. Fue mucho más que un trabajo.