Cuando se trata de ser provida, nuestra tradición católica nos enseña a ser amplios de espíritu. Protegemos el derecho a la vida si lo amenaza el suicidio asistido, la pobreza, las políticas de inmigración demagogas, el medio ambiente corroído o la cámara de muerte.

Sin embargo, no podemos olvidar que el actual flagelo del aborto merece encabezar nuestra lista de oraciones y defensa.

Con seguridad, los que aún no nacen son los humanos más vulnerables.

Hasta quienes no los aceptan como seres únicos, en contradicción con la ciencia genética más reciente, deben por lo menos reconocer que se encuentran en una fase de desarrollo humano que avanza hacia la siguiente.

Evitar que un niño en desarrollo nazca, no es fundamentalmente diferente a evitar que un recién nacido alcance su primer cumpleaños o que un inocente adulto de 64 años alcance su edad de retiro.

La línea es arbitraria. Elimina a toda la humanidad y es una abominación que viola el mandamiento de Dios.

El aborto se destaca urgentemente dentro de los temas referentes a la vida por tres razones.

Primero, las cifras son asombrosas. En el 2017, el año más reciente con cifras confiables, más de 863.000 niños sin nacer fueron abortados en los Estados Unidos.

Y ese fue un año históricamente bajo desde la aprobación de Roe vs. Wade.

Segundo, las artimañas sociales inventadas para apoyar el aborto, y de las cuales muchos de nosotros participamos, aunque no lo queramos, son impresionantemente malvadas.

Algún astuto artífice nos engatusó llamando el derecho al aborto un asunto femenino, como si todas las mujeres sintieran lo mismo al respecto.

Y confundido entre la retórica de los derechos, está el hecho de que los defensores del aborto están luchando por su conveniencia, una causa no tan gloriosa. Aquellos que no están listos para ser padres de un niño tienen la honorable opción de la adopción.

Tercero, el aborto es el catalizador de otras formas de irrespeto a la vida.

¿Cómo podemos enseñarle con integridad a nuestros jóvenes que defiendan a los enfermos, los pobres, los prisioneros, los inmigrantes o el planeta si permitimos que cientos de miles de humanos que aún no nacen sean asesinados? 

Nuestros hijos con toda la razón se burlarán de nosotros por farsantes.