Es clave reflexionar en estos tiempos duros sobre le parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-37) porque por toda nuestra frontera sureña las autoridades cada vez más ven la misericordia y la compasión como crímenes que se deben enjuiciar.

En la parábola, Jesús, respondiendo a la pregunta de quién es nuestro prójimo, dijo: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos asaltantes que después de despojarlo y golpearlo sin piedad, se alejaron dejándolo medio muerto.

"Un sacerdote bajaba casualmente por aquel camino, y al verlo, se desvió y pasó de largo. Igualmente, un levita que paso por aquel lugar, al verlo, se desvió y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, al llegar junto a él y verlo, sintió lástima.

"Se acercó y le vendó las heridas después de habérselas limpiado con aceite y vino; luego lo montó en su cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacó unas monedas y se las dio al encargado, diciendo: 'Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a mi regreso'".

En el desierto de Arizona, donde las temperaturas durante el verano y el otoño suben a 120 grados, y en invierno son congelantes, siete mil migrantes han perecido, según las estadísticas, se han registrado en las últimas dos décadas. Más de tres mil han muerto desde el año 2000.

Por 15 años, según el periódico New York Times, samaritanos modernos pertenecientes a un grupo llamado No Más Muertes han recorrido por los sectores más peligrosos del desierto dejando botellas llenas de agua, latas de frijoles y cobijas para los migrantes. También han hecho búsquedas de cadáveres y personas reportadas como desaparecidas.

Pero cada vez más, la Patrulla de la Frontera arresta a estos samaritanos, acusándolos de la comisión de crímenes y otros delitos menores. En 2018 la Patrulla arrestó Scott Warren, un maestro de geografía de 36 años, acusándolo de crímenes que lo pueden llevar a la cárcel por 20 años.

El delito de Warren fue darle a dos migrantes de Centro América agua, albergue y ropa limpia cuando estos llegaron a un edificio donde los voluntarios de No Más Muertes se reúnen. La Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas pidió, sin éxito, que se retiraran los cargos. El Alto Comisionado dijo: "La ayuda humanitaria no es un crimen".

Recientemente se procesó el caso contra Warren y el jurado no pudo concluir con unanimidad que Warren había cometido crimen. Por ahora continua libre mientras las autoridades deciden el próximo paso.

Muchos de nosotros hemos reaccionado igual que Warren. Años atrás, en el aeropuerto de Midway en Chicago, encontré un puñado de migrantes latinos que la noche antes habían perdido su vuelo a una ciudad al norte de Nueva York.

Habían pasado la noche en el aeropuerto, sin la posibilidad de conseguir algo para comer o llamar por teléfono a los que los esperaban. Los encontré en la tarde del día siguiente, un domingo, después de asistir una reunión de misioneros voluntarios de Maryknoll.

Al darme cuenta de su situación, saque mi teléfono celular, marque el número a quien tenían que llamar y le pasé el aparato al líder para que hicieran contacto con la familia que los esperaba.

Luego, como no había donde comprarles algo para comer, llamé a un amigo sacerdote de Maryknoll y le pedí que nos trajera hamburguesas, papas fritas y refrescos de un restaurante de alimento rápido como McDonald's.

El misionero llegó con la comida a tiempo para repartirla antes de que mi vuelo saliera hacia la ciudad de Nueva York.

No debemos permitir que la crueldad aplaste la compasión.