Queridos lectores,

El papa nos pide que en este mes de julio oremos por las familias, justo en una época marcada por el estrés de la crisis por la pandemia y los efectos devastadores que va dejando a su paso.

El Santo Padre enfoca su atención en los momentos difíciles que viven las familias. El pontífice aboga por ellas ante los gobiernos del mundo y solicita que las protejan.

Que oportuno este llamado del papa a fortalecer la institución más importante de la sociedad porque, como todos lo sabemos, es en la familia en donde se consolida una sociedad.

La pandemia se ha encargado de dejar al descubierto las desigualdades abismales existentes en la sociedad, las cuales están teniendo un tremendo impacto en las familias.

Las poblaciones más afectadas por la enfermedad Covid-19 en nuestro país pertenecen a familias de raza negra e hispana.

Son ellos los grupos más vulnerables, con poblaciones de bajos ingresos que con mayor frecuencia presentan patologías previas en la salud como hipertensión, diabetes, obesidad o también afecciones cardiacas y pulmonares; las cuales han dicho los médicos, representan un mayor riesgo de gravedad si se contrae la enfermedad de coronavirus Covid-19.

El mensaje del papa llega en un momento preciso para centrar la atención en un tema fundamental, ante la perplejidad de los acontecimientos sucedidos en los dos últimos meses en nuestro país y adaptarnos a la forma tan rápida como cambian las cosas. 

Con el estallido social desencadenado tras las muertes de los ciudadanos afroamericanos a manos de la policía, la atención se ha dirigido hacia el grito de desesperación de los segmentos de poblaciones marginadas de esta sociedad con las manifestaciones y protestas cargadas algunas de violencia, saqueos y enfrentamientos con la policía.

Son los gritos de rabia y dolor de nuestras familias que sufren discriminación, segregación, desigualdad e injusticia; las otras pandemias que han estado presentes durante mucho tiempo en esta sociedad dividida entre blancos y negros.

En los momentos de crisis necesitamos guías para el camino y aquí tenemos al papa con un mensaje poderoso.

El papa Francisco dijo: “La familia tiene que ser protegida. Son muchos los peligros a los que están enfrentadas: el ritmo de vida, el estrés… a veces los padres se olvidan de jugar con sus hijos. La iglesia tiene que animar y estar al lado de las familias ayudándolas a descubrir caminos que les permitan superar todas estas dificultades. Recemos para que las familias en el mundo de hoy sean acompañadas con amor, respeto, y consejo”. 

Los líderes y gobernantes de la sociedad estadounidense necesitan con urgencia reconocer e implementar el rico tesoro de sabiduría de la iglesia católica sobre la manera de construir una sociedad justa, en medio de los desafíos actuales. 

Los inmigrantes, los pobres, los adultos mayores, los desposeídos, “todos tenemos la misma dignidad”, dijo el arzobispo Sample en una homilía reciente, al sugerir que el respeto por la vida se degrada cuando los seres humanos vulnerables son vistos como “descartables”. 

Nuestro país es un lugar bendecido, con muchos aspectos positivos, sin embargo, la inestabilidad que refleja la sociedad actual en los Estados Unidos es la consecuencia de la desprotección de las familias, de la ausencia de políticas orientadas a crear y fortalecer un estado de bienestar para todos. 

El gobierno necesita reconocer que la forma en que organiza su estructura socioeconómica, con sus leyes y políticas, tiene un impacto directo en cada miembro de la sociedad.

Nuestra sociedad es un reflejo de nuestras prioridades y la importancia que le damos al núcleo familiar. 

Cuando se registra la desintegración del núcleo familiar esto se refleja negativamente en la estructura de la sociedad. 

El arzobispo Sample nos recuerda que “la descomposición de las familias ha exacerbado el problema al decir que “Tenemos que luchar contra estas cosas”.

El arzobispo tiene toda la razón. Es el momento en que cada uno de nosotros, como miembros de esta sociedad escuchemos la sabiduría que nos comparte la iglesia para navegar las dificultades del momento presente.

Todos estamos llamados a construir una mejor sociedad con acciones y hechos concretos que reflejen el amor que Jesús nos tiene.

¡Dios los bendiga!