Foto Sarah Wolf
El Padre Hugo Maese, MSpS, es el párroco de la Iglesia de San Mateo en Hillsboro y su entrega a la comunidad de su parroquia es incondicional.
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El Padre Hugo Maese, MSpS, es el párroco de la Iglesia de San Mateo en Hillsboro y su entrega a la comunidad de su parroquia es incondicional.

“Como párroco de San Mateo, Hillsboro, esta experiencia ha sido una profunda bendición. En julio de este año será mi quinto año sirviendo en la parroquia”, recuerda con emoción el Padre Hugo Maese, en entrevista con El Centinela.

El sacerdote quien nació y creció en la ciudad de El Paso, Texas, es hijo de inmigrantes que nacieron en Ciudad Juárez, México. Escuchar sus homilías en español lleva a su comunidad hispana a recibir el mensaje espiritual desde su propio idioma y cultura.

“Mi amor por San Mateo y la Arquidiócesis de Portland se remonta a cuando era estudiante y cuando los Misioneros del Espíritu Santo, –la congregación a la que pertenezco–, llegamos a nuestra parroquia en el año 2000. Acababa de terminar la formación en Monte Ángel y era parte de la primera comunidad de misioneros que llegaron. Continué mi formación teológica en California solo para regresar como diácono y ayudar a servir bajo la maravillosa tutoría de mis hermanos sacerdotes que estuvieron aquí antes”, recuerda el Padre Hugo Maese.

“Mi ordenación fue en San Mateo el 29 de enero de 2005 por el entonces obispo Gustavo Garcia-Siller, M.Sp.S., obispo auxiliar de Chicago. Estuvieron presentes en la ordenación el entonces Arzobispo John Vlazny y el Obispo Kenneth Steiner, y los PP. Ceilinski, Flack, y sacerdotes de nuestra Arquidiócesis y otros Misioneros del Espíritu Santo de nuestra Provincia Cristo Sacerdote. Antes, durante y después de mi ordenación ha sido un paso significativo para prepararme para el servicio como párroco”.

Su historia como sacerdote tiene un ancla en su parroquia. “Después de la ordenación, serví en San Mateo durante tres años como asociado y luego fui asignado a otras comunidades en Indiana, ciudad de México y Long Beach, Ca. En julio de 2014, me llamaron de nuevo a servir en San Mateo. Los primeros años de mi sacerdocio me ayudaron a consolidar mi vocación para servir y continuar el ministerio en el rol que Dios me ha pedido”, dijo el sacerdote. 

El camino de estos años ha sido fundamental en su vida. “La experiencia es multifacética y está marcada con gracia, desafío y transformación. Servir a Dios a través de los sacramentos y en los grupos parroquiales es una gracia inmerecida que hace eco en mi vida y vocación. La gracia abunda a diario, lo que me lleva a difundir el don del amor de Dios a las personas que Dios ha confiado a mi cuidado”.

La experiencia en su comunidad lo enriquece día a día. “Ser sacerdote, religioso en una parroquia multicultural es a la vez una gracia y un desafío. Me permite ayudar a tejer las diferencias en un espacio donde todos podemos amar, adorar y servir a Dios fielmente. Ser párroco me ofrece la oportunidad de vivir compasivamente y en solidaridad con las necesidades de nuestra comunidad en general”, indicó.

Igualmente su vocación y servicio han sido un reto. “El llamado que Dios ha hecho en mi vida también implica desafíos que requieren una voz profética para el bien de los demás. A veces, ser párroco exige ciertas habilidades que me llevan a salir de mi propia zona cómoda, participar en los esfuerzos hacia la unidad y sembrar semillas que eventualmente darán frutos cuando le plazca a Dios. Es una oportunidad para ayudar a otros a desarrollarse en y con ‘el mismo sentir de Cristo’, como lo dice San Pablo, y esforzarme en hacer lo que es ‘bueno, agradable y perfecto a los ojos de Dios’”.

La entrega del Padre Hugo Maese es constante. “Ser párroco es una experiencia que impregna mi vocación de ser profundamente humano y profundamente espiritual. El ministerio para mí se basa en el sentido común de liderazgo entre los líderes de mis hermanos sacerdotes. El ministerio compartido que vivimos como una congregación de hombres consagrados que sirven a San Mateo me ayuda a vivir mi rol de manera equilibrada y creativa. ¡La apasionante misión de Dios al llamarme es una vida fascinante! Me encanta aprender de las habilidades de nuestros hermanos y hermanas laicos que me hacen ver las cosas desde nuevas perspectivas”, dijo en entrevista con El Centinela.

Servir a una comunidad de inmigrantes, la mayoría mexicanos requiere entrega incondicional. Muchas veces es un reto. “Desde sus inicios, nuestro país ha sido un país de inmigrantes. El ministerio en nuestra comunidad local en San Mateo es una extensión de quiénes somos como país. Como Iglesia Católica, nuestro perfil demográfico en los Estados Unidos cambia cada vez más con la presencia de nuestros hermanos y hermanas hispanos que llenan nuestras bancas y que son miembros activos en nuestras comunidades, agregando una vitalidad de experiencias de fe que son muy notables”, explicó.

“Los desafíos de servir a una comunidad inmigrante están marcados por diferencias de generación. La complejidad de cómo los abuelos practican y fomentan la fe en comparación con sus hijos o nietos tiene distintos matices de ser católico y practicar la fe”, explicó el sacerdote.

“Los católicos inmigrantes se enfocan en las devociones, la oración verbal y la participación en grupos parroquiales. Cuando nuestros voluntarios se reúnen para ayudar a nuestros hermanos y hermanas que trabajan en el campo durante los meses de verano, nos admiramos cuando vemos personas que viajan a diferentes estados en un ciclo anual y que vienen hablando en sus dialectos nativos de Zapoteco y Nahuatl junto con español e inglés (especialmente entre los hijos de trabajadores agrícolas). Es una forma hermosa e inspiradora poder ver cómo en medio de su trabajo contribuyen a nuestra Iglesia con tres idiomas y su herencia cultural”. “Veo oportunidades para cerrar la brecha y brindar un espíritu de hospitalidad humana y compasiva para ayudar a nuestros feligreses a integrar su fe, cultura, valores y familia en nuestra parroquia la cual  tuvo sus orígenes en raíces alemanas y holandesas”.

Otro de los desafíos “es disipar los temores existentes en una comunidad como la nuestra, especialmente con los temas de interacción intercultural. Los inmigrantes enfrentan muchos desafíos; uno de ellos es el miedo a la deportación, el miedo al liderazgo, el miedo al lenguaje, etc. La otra cara de la realidad es el temor de los feligreses que ya han vivido muchos años aquí y no saben o no tienen formación adecuada para recibir a nuestros inmigrantes recién llegados de otros países”.

“Un tercer desafío que enfrenta nuestra comunidad son los recursos necesarios para proporcionar oportunidades de liderazgo para nuestros estudiantes DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia) que están dentro de nuestra parroquia y que son brillantes en habilidades bilingües / biculturales, eficaces en la creación de redes sociales y generosos en su solidaridad hacia los necesitados”.

El Padre Hugo conoce a sus fieles, sus realidades y sueños. Con amor guía a su comunidad y enfrenta al lado sus retos.

Inmigrantes y su fe

Veo a nuestra comunidad parroquial como un tapiz que entreteje la diversidad de culturas y la religiosidad popular de una sola fe. Por ejemplo, en este tiempo de Cuaresma, nuestro tema es la migración.
Al evangelizarnos a nosotros mismos con la perspectiva bíblica de la migración, asimilamos la historia de la salvación mediante la cual se le pidió a Abraham que fuera a la tierra a la que Dios lo envió. Jesús, María y José experimentaron también migración.
Teniendo un mejor significado de ser un migrante a través de la predicación y la enseñanza de la migración, nos convertimos en agentes de esperanza y cambio.
Las diversas culturas presentes en nuestra parroquia son una representación de quiénes somos como Iglesia. Las devociones marianas bajo el título de Guadalupe para nuestras familias hispanas, Vailankanni para nuestras familias de la India y Fátima para nuestras familias europeas celebradas en nuestra parroquia, son un ejemplo de la diversidad en nuestras devociones. Junto a las devociones populares, estamos llamados a discernir nuestra pastoral a la luz de los valores del Evangelio.
Le diría a la comunidad que la migración es interdisciplinaria y apunta a una perspectiva pastoral, espiritual y teológica.
La migración incluye a los migrantes económicos (que están entre países en busca de una vida más digna a través del trabajo que promete un futuro mejor); migrantes forzados o refugiados (personas que huyen de un país debido a un “temor bien fundado” a la persecución, por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia social y opinión política, etc.). Los desplazados internos (personas que han sido desarraigadas por la fuerza pero aún se encuentran dentro de las fronteras de su país de origen y víctimas de la trata de personas (personas que han sido engañadas para emigrar con falsas promesas de trabajo y terminan siendo esclavos(as) sexuales y de trabajo. Creo que, como comunidad de creyentes, estamos llamados a tener siempre una respuesta pastoral, espiritual y teológica cuando se trata de comprender el tema de la inmigración.
Entre los católicos latinos/hispanos, hay tres rasgos que fortalecen la identidad y que pueden reafirmar y ofrecer esperanza a nuestra nación en su conjunto: familia, fe, y diversión. Nuestra población inmigrante trae un profundo sentido de lazos familiares entre parientes, padrinos, madrinas, primos, etc. que ofrece un sistema de apoyo y una red para iniciativas comunes. Las devociones y las fiestas Marianas, se expresa en momentos como posadas, novenas y la recepción de sacramentos.

rocior@ocp.org

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