Kim Nguyen/El Centinela
El Padre Lucas Laborde como pastor de la Iglesia San Patricio vé su rol en la forma de animar la vida de fe de las personas.
Kim Nguyen/El Centinela
El Padre Lucas Laborde como pastor de la Iglesia San Patricio vé su rol en la forma de animar la vida de fe de las personas.

La comunidad de San Patricio, tiene en el sacerdote argentino Lucas Laborde a su guía espiritual. Y su historia es la de un inmigrante, que como él explica, no es la misma de otros que llegan a este país. Llegó hace 12 a los Estados Unidos.  En entrevista con El Centinela el sacerdote compartió su historia.

Al hablar de su experiencia como inmigrante e hispano el Padre Lucas compartió. “Ha sido muy positiva. Tengo que aclarar que mi situación es muy distinta de la de muchos inmigrantes. Fui enviado como sacerdote de la Sociedad San Juan, de modo que no dejé mi país por una situación negativa o por necesidad, sino por una misión a la cual fui enviado. También conté desde el comienzo con la presencia de otros sacerdotes y estudiantes en mi sociedad, con los cuales he vivido, de modo que no he sufrido ese desarraigo que muchos inmigrantes viven.

E.C ¿El reto de ser inmigrante?

Padre Lucas Laborde. Ciertamente es una adaptación llegar a una cultura nueva: nuevos códigos, costumbres, modos de pensar, conflictos inherentes. Por una parte, hay aspectos de la cultura americana que encuentro fascinantes: el orden, el positivismo, la eficiencia y la organización. Otros son aspectos que extraño de mi cultura: la espontaneidad en las relaciones, una mayor cultura de la familia y la amistad. 

El balance sin embargo no es el de un reto, al menos en mi caso. Ha sido un camino de aprendizaje, de expandir horizontes, incluso de revalorizar aspectos de mi vida en Argentina que daba por descontado, y de ver como servir a Cristo en un nuevo contexto.

E.C.¿Cómo ve su comunidad desde su perspectiva de fe, cultura y al ser inmigrante?

Padre Lucas Laborde.Puedo entender, porque también lo vivo así, lo que muchas personas añoran de su pasado, de su tierra. 

Hay un progreso y un futuro aquí en cuanto al trabajo y la posibilidad de una vida más estable, pero también hay aspectos del pasado que todo inmigrante extraña. Esto es una realidad humana que vemos también en la vida en Cristo: ‘no se puede todo en la vida’.

 Si quieres lograr algo grande, tienes que estar dispuesto a renunciar a cosas incompatibles con ese sueño. En la fe, la opción es más fácil de ver: para estar cerca de Dios tienes que dejar cosas incompatibles con la vida cristiana. En este caso, la ventaja es clara: siempre es mejor caminar con Cristo. 

En el caso de la inmigración, la opción no siempre es tan clara. No es siempre cierto que una vida más previsible y un mejor trabajo sean mejores que dejar seres queridos y la propia patria. Hay situaciones en que es mejor, y otras en que no.

E.C. ¿Cuál es su mensaje a la comunidad para que entiendan el valor de ser inmigrante?

Padre Lucas Laborde. Lo primero, es reconocer que es una situación difícil humanamente, porque me parece lo más natural del mundo crecer y desarrollar tu vida allí donde tus padres y abuelos te abrieron camino, donde creciste con tus amigos, donde encuentras las más tempranas memorias de tu vida. Dejar todo esto se hace necesario en muchos casos, pero siempre es un sacrificio. 

Pienso que el valor que hay detrás es ver que esa renuncia se haga por una razón positiva y profunda: buscar un mejor trabajo o educación y sacrificarse por ello tiene sentido si es para que ese talento dé fruto en otros, en tus hijos, en la comunidad y en el Reino de Dios.

E.C. ¿Cómo es la vida en comunidad en la Iglesia catolica? ¿Similar o diferente a la de su país?

Padre Lucas Laborde. Hay aspectos diferentes. La Iglesia en Estados Unidos tiene recursos muy llamativos, y no me refiero sólo a lo económico, que ayuda, sino también a la creatividad y los recursos humanos. No hay complejo en buscar lo que es mejor humanamente y ponerlo al servicio de la fe. 

En Argentina, por otra parte, hay un énfasis mayor en lo social, por la magnitud del problema de la pobreza. Esto puede a veces absorber la atención de la Iglesia, pero también es una posibilidad de crecimiento personal y comunitario. Mi propia maduración en la fe ha estado muy ligada a la misión y el servicio a los pobres y los enfermos. Aquí es más difícil que este tipo de servicios ocurran con la misma naturalidad.

E.C. ¿Que ha aprendido de esta cultura? 

Padre Lucas Laborde. He aprendido a valorar una cultura de la organización y la planificación, y, en mi caso, ver cómo integrar esto con la espontaneidad y la disponibilidad. 

Creo que mis dos “culturas” tienen distintos énfasis en esto, y lo veo reflejado en la vida de Jesús también. Jesús tenía un plan: reunir discípulos, anunciar el Reino de Dios, subir a Jerusalén y entregar su vida por nosotros. 

Junto con ese plan que lo mantenía focalizado, era sumamente capaz de estar disponible y cambiar en el momento, por ejemplo, cuando en ese día que busca un lugar para descansar la multitud llega antes que Él al lugar (ver Mc 6). Se pone a enseñarles largo rato y luego multiplica los panes. Esta alternancia de un plan exigente con una disponibilidad tan fuerte me parece notable.

Otro aspecto que he aprendido a valorar es el positivismo que hay en la cultura americana, esa percepción de que todo es posible, de que todo se puede lograr, y de que hay que valorar los aspectos positivos en cada situación y en cada persona. Me parece, desde luego, muy compatible con la vida en Cristo, es algo para asumir.

E.C. ¿Cómo es su rol en su parroquia desde el sacerdocio para ser líder de su comunidad?

Padre Lucas Laborde. Pienso que mi rol es el de animar la vida de fe de las personas. Aquí es muy distinto que la vida de muchas personas en nuestros países de origen. Allá tienes tiempo. Aquí, el mercado siempre tiene algo que ofrecerte, ya sea para que produzcas o para que compres. Si lo dejas, te toma el 100% de tu vida. Por lo tanto, mi rol como líder es ver que también en el campo de la fe hay que invertir tiempo y energía.

Hay que generar proyectos de evangelización y de fe que sean desafiantes y atrayentes, y que a la persona promedio le parezcan merecedores de su atención y de su tiempo. Así era Jesús: atraía, convocaba a muchos, pero no porque no tuvieran nada mejor que hacer. Su propuesta realmente te captaba. Es lo que tenemos que lograr hoy si queremos liderar en la fe.

E.C. ¿Aquí los hispanos viven su fe como en sus países de origen?

Padre Lucas Laborde. En parte está dicho en la respuesta anterior. Algo que agrego a eso es la presencia más fuerte del mundo evangélico. Esto, que puede tener aspectos positivos, en la mayoría de los casos confunde y separa a muchas familias. El desafío es formar mejor a las personas para que sepan por qué son Católicos, y qué diferencia hay con no serlo.

En América Latina es algo que das por sentado: soy católico porque mis padres lo fueron. Aquí eso no alcanza. Necesitas indagar en las razones de la teología y de la historia, o al menos ser más intencional en conectar con una comunidad de fe.

E.C.¿ Cómo hay que guiar a las familias hispanas desde la espiritualidad católica? ¿Tradiciones y fe de sus países de origen son diferentes a la experiencia de esta cultura?.

Padre Lucas Laborde. El camino, pienso, es mantener aspectos devocionales, pero aumentar el conocimiento de la Palabra de Dios, una espiritualidad más bíblica, que brinde también algo de apologética, de razones por las que creer. 

Estamos rodeados por el desafío no sólo de una presencia evangélica fuerte, sino también por un mundo que vive de modo creciente al margen de Dios. En otros tiempos, la sociedad misma sostenía la mirada de fe en sus mismas instituciones.

Hoy en día, esa estructura de fe tiene que estar anclada en tu interior. Por ejemplo, si esperas acordarte de Semana Santa porque todo se detiene y ves la procesión del Vía Crucis desde la ventana de tu casa, aquí vas perdido. No va a suceder. Eres tú el que tienes que tener presente cuándo es Viernes Santo y buscar la iglesia donde puedas ir a orar, y así con otras tantas cosas. Nuestra fe tiene que ser más intencional.

E.C. ¿ Que cambiaría si pudiera?

No pienso el cambio tanto en clave cultural o política. Pienso que, en este terreno, hay que aceptar la realidad. Los cambios se van dando gradualmente, como fruto de los criterios que rigen la vida de las personas. Lo que más me interesa es ayudar a que las personas conozcan a Cristo. Es el encuentro con Jesús lo que transforma a una persona del modo más profundo. Y es desde allí que se da el cambio de una sociedad.

 

                 rocior@ocp.org