Foto de El Centinela por Ed Langlois
El papel de Paul De Muniz es vital en la Corte Suprema de Justicia y él es el primer latino en este puesto.
Foto de El Centinela por Ed Langlois
El papel de Paul De Muniz es vital en la Corte Suprema de Justicia y él es el primer latino en este puesto.
En 2009 el presidente de la Corte Suprema de Oregón, el juez Paul De Muniz, visitó la preparatoria de los Jesuitas, lo cual en el periódico de la escuela lo llevó a ser llamado el “ayudante de los indefensos” y “protector de los inocentes”.

Paul De Muniz, quien renunciará a su puesto como juez presidente el primero de mayo, sonríe al escuchar los apodos que lo comparan con un super héroe.

Pero durante muchos años él se ha enfocado específicamente en estos valores y su gran fe católica lo ha ayudado. “Con un cargo político llega mucho poder”, dice De Muniz.
“La fe te ayuda a ver las cosas con cierta perspectiva. Sabes que solamente estás aquí por un tiempo muy breve y que lo que haces es casi invisible a los ojos de la historia”. Simultáneamente, este miembro de la Parroquia de la Reina de la Paz explicó a El Centinela, que la serenidad que acompaña la fe libera la energía de una persona para poder servir al público.

Con sus 64 años, De Muniz es un hombre de carácter dulce que todavía puede ponerse fuerte en la Sala del Tribunal. Él será juez asociado en la Corte Suprema hasta el final de este año. Él dice que la Corte actual es un grupo increíble que trabaja muy bien.
Durante sus 11 años como juez de la Corte Suprema y los seis años como presidente juez, los jueces han tomado decisiones en cada asunto político, social y económico de Oregón, desde la reforma de júbilación para los empleados públicos, hasta la libertad de expresarse y el matrimonio entre personas del mismo sexo.

A menudo, la Corte decide en casos sobre la libertad religiosa —normalmente el asunto está relacionado con el derecho tributario, el desempleo u otra función del estado. Durante todo este tiempo, De Muniz ha mantenido lo que él califica como un “escepticismo saludable” en cuanto al gobierno y los poderosos.

Su madre lo crió y él empezó a trabajar a sus 16 años. Se graduó de la Preparatoria de Madison en el noreste de Portland en 1965, y su asesor entonces le dijo que no estaba calificado para ir a la universidad. Sirvió cuatro años en el ejército, incluido un año en Vietnam. Mientras que estaba en esta carrera militar, aprendió el valor de la autodisciplina.

De Muniz regresó de Vietnam con una convicción fuerte sobre cómo vivir  y su filosofía desde entonces ha sido “trata a los demás como quieres que te traten”.

Después de ser dado de baja del ejército, De Muniz recibió su licenciatura de Portland State University en solamente dos años y recibió un Juris Doctor de Willamette University en 1975. Él fue la primera persona de su familia que llegó a la universidad.

Después de pasar varios años como defensor público, De Muniz se incorporó a un bufete de abogados en Salem y empezó a trabajar en casos complejos. A final de los años 80s fue reconocido a nivel nacional cuando estaba trabajando sin sueldo para apelar por la condena de Santiago Ventura Morales, un trabajador de granja, condenado de haber matado a otro hombre con quien trabajaba. Algunos de los jurados del caso iniciaron el recurso de apelación porque tenían dudas en el caso.

Después de desarrollar un buen caso —hasta viajar a México para encontrar los testigos que escucharon a otro hombre confesar al asesinato— él fue nombrado  juez en el Tribunal de Apelaciones de Oregón. A primera vista, su nombramiento pareció ser muy inoportuno, pero al final ayudó bastante porque significó que De Muniz podía atestiguar legalmente en la apelación. Su apariencia como testigo dio una coherencia fuerte al caso.

El tribunal encontró varios problemas en el juicio, incluido que se suponía que el acusado sabía hablar español aunque era un mixteco indígena.

Se liberó a Morales y De Muniz hizo campaña para una reforma que prevendría otras condenas. “Mi argumento era que no otorgamos privilegios especiales pero hacemos que el sistema sea justo”, dijo, hablando del caso, lo cual formó su opinión de la justicia.

De Muniz ganó mucha admiración de algunos, pero a la vez se enemistó con algunos abogados de la acusación. Él dice que así es la vida en el mundo del derecho. Durante su tiempo como abogado se encargó de cuatro apelaciones de pena de muerte y otros 10  casos de asesinato. En los primeros años de su carrera, trabajó en un caso para defender la soberanía de la reserva de los indios de Warm Springs.  De Muniz admite que cuando empezó su carrera como juez, para él era difícil ser imparcial en vez de ser lo que antes era —un partidario entusiasta. Pero abrazó su experiencia como joven y abogado, lo cual resultó que era un juez que entendió la perspectiva de la gente común. Nunca se le ha olvidado el tiempo que pasó en Vietnam, donde aprendió que el gobierno puede cometer “errores graves”.

*Traducción Katy Devine.